Un antiguo punto de encuentro que hoy vuelve a reunir personas alrededor de la naturaleza, la gastronomía y las experiencias compartidas.

LA HISTORIA DE “EL MOLI 1260"

Durante siglos, El Molí 1260 fue un punto de encuentro. Hoy vuelve a serlo.

Un lugar donde las personas se reúnen para celebrar, aprender, descansar e inspirarse.

Un lugar donde se celebran bodas, encuentros corporativos y reuniones familiares.

Un lugar que nos enseña a leer el paisaje, a cocinar con plantas silvestres y productos locales, y a descubrir la sabiduría de lo natural, desde las ruinas fenicias hasta los talleres de arte y bienestar.

Un lugar que nos restaura a través del silencio, los baños de bosque, la hospitalidad sencilla y una comida honesta conectada con la tierra.

Un lugar que nos inspira, abre espacio al silencio, a la creación y a la búsqueda de nuevas ideas, con residencias artísticas y retiros creativos.

Un lugar donde lo esencial aparece porque le damos espacio al tiempo.

Lo que empezó como la búsqueda de una finca terminó revelando 2.800 años de historia.

Hoy, El Molí 1260 reúne patrimonio, naturaleza, gastronomía y personas alrededor de una misma mesa.

Todo comenzó con tres amigos que buscaban algo sencillo: una finca donde poder tener un huerto, plantar frutales y reunirse alrededor del fuego, sin más pretensión que esa.

Pero decidieron limpiarlo despacio, sin prisa, con una mezcla de curiosidad y respeto.

Y entonces la construcción empezó a revelarse.

Cuanto más avanzaban, más grande se volvía.

Hablaron con el antiguo propietario, pero ni siquiera conocía la existencia de aquella construcción.

La curiosidad se convirtió en pregunta.

La pregunta, en consulta.

Un arqueólogo visitó el lugar y trabajó durante un tiempo.

Finalmente lo confirmó: estaban ante un molino harinero medieval del año 1260, posiblemente el primero documentado de España.

Pero la historia no terminaba ahí.

Investigaciones posteriores realizadas por distintas universidades revelaron algo aún más antiguo. En esa misma colina, durante el siglo VIII a.C., existió un asentamiento fenicio donde ya se cultivaba la vid y se producía vino.

Entonces aparecieron nuevas preguntas.

¿Cómo compartir todo aquello?

¿Cómo explicar qué es realmente “el territorio”?

¿Cómo contar una historia de 2.800 años sin convertirla en una lección de historia?

Las respuestas aparecieron poco a poco.

Primero llegó el huerto. Después las gallinas, las abejas y las cabras. Luego comenzaron los encuentros con productores locales, viticultores, agricultores y personas que llevaban generaciones trabajando en las tierras vecinas.

Y comprendieron que el territorio no solo se prueba. También se camina. Y se comparte alrededor de una mesa.

Así nació «Volver al Origen», una experiencia para descubrir el paisaje a través de sus sabores, sus historias y las personas que lo hacen posible.

Hoy, El Molí 1260 sigue creciendo y tomando nuevas formas.

Un lugar donde conviven un asentamiento fenicio de hace 2.800 años, un molino medieval de 1260 y una comunidad de personas que siguen reuniéndose alrededor de una mesa.

Porque El Molí 1260 no se entiende del todo leyendo una historia. Hay que vivirlo.

Cuando quieras, las puertas están abiertas.

Aquí se viene a “badar”

Hay palabras que se pueden traducir y otras que no tiene traducción exacta. Badar es una palabra catalana, que significa algo asi como contemplar, dejarse llevar, distraerse un poco, observar sin buscar nada en particular. Es mirar sin prisa y estar presente sin necesidad de hacer.

En una época donde todo parece empujarnos a producir más, correr más rápido y aprovechar cada minuto, badar propone lo contrario. Detenerse, escuchar, observar, dar espacio a que las cosas sucedan. Por eso badar se ha convertido en el leitmotiv de El Molí 1260.

UN LUGAR DE ENCUENTROS

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